viernes, 14 de marzo de 2014

Todos somos Alí



Cuando tienes un Fassbinder incólume durante meses en tus existencias cinematográficas es como si tuvieras el libro de un clásico por leer, un buen vino por beber, un bosque por descubrir, un amor por llegar….
Petra.y Alí me llegaron juntos. Sin pérdida de tiempo visioné las lágrimas de Petra que bastantes años antes había visto derramadas. Después de Petra tenía que dejar a Fassbinder en la más absoluta de las reservas, llegaba muy a las honduras,  te desarmaba, te dejaba exhausto, así que traslúcido dejo pasar los días, las semanas, los meses…Hasta que amaneces transparente  un día,  vuelves la mirada hacía Alí y sabes que estás preparado para lo que se supone un  festín cinematográfico, es cuando empiezas a desear, a anhelar e incluso a relamerte antes de hincarle el diente al supuesto technicolor.    
“Todos nos llamamos Alí” es del año 1974 y Fassbinder la rodó en quince días.
 
  La película no puede ser más actual, pues trata del ser y querer de un marroquí en una Alemania xenófoba. Alí saca una noche a bailar a una mujer alemana que ronda los sesenta años y que en un rincón de un viejo bar bebe, en soledad, una coca-cola. La mujer siente que se alarga el abrazo de Alí más allá del baile, Alí la acompaña a casa, ella le pide esa noche que se quede a  dormir y Alí se queda muchas más.
En más de una ocasión he señalado la conexión Douglas Sirk-Fassbinder, pues bien cuando avanza la película de Fassbinder te vas acordando de un Rock Hudson jardinero que se relaciona con una mujer bastante mayor que él. Inmediatamente que termina Alí buscas y buscas hasta encontrar el título de Sirk (“Sólo el cielo lo sabe”) en la que está basada la película. Así que es un remake de un alemán sobre una película hecha en Estados Unidos, veinte años antes, por otro alemán. 
Douglas Sirk nos contó en el maravilloso color de los años cincuenta un idilio no tolerado debido a la diferencia de edad entre una rica mujer y un jardinero muy guapo.
 
  El color, el ritmo, la música, la temática  hace que la película de Sirk sea un clásico y un gozo para aquellas mujeres que a veces, en grupo, se reunían para escuchar la novela radiofónica del momento. Pero como es un cine de calidad a mi, como a tanta gente, siempre me envolvió, y aunque muy previsible, por lo bien hecho, siempre llegué al final de sus películas, incluso a medida que fui evolucionando volví a verlas en las sobremesas de aquellos sábados.
Fassbinder nos describe un mundo en crisis, donde el emigrante es explotado al mismo tiempo que rechazado. No es un mundo en technicolor y  la no aceptación de la pareja  por la diferencia de edad pasa a ser un simple añadido a la xenofobia.
Es curioso como, al volver de su viaje y cuando por la causa que fuere,  que no viene a cuento contar aquí, la desaprobación, la exclusión y la desestimación del mundo que les  rodea  comienzan a disminuir, entonces es como si se quedaran un poco huérfanos de algo que les hacia mantenerse aún más unidos y es a partir de ese momento  cuando, al pasar a ser una pareja normal para muchos, comienzan a mirarse a sí mismos, y el amor, antes como una roca, comienza a erosionarse. 
 ¿Resumimos? Sirk roza, en su gran película, la frontera con el sentimentalismo. Fassbinder habla de la cruda realidad, una realidad que en estos tiempos dejó de rozarnos para entrar de lleno en nuestras vidas.
Curiosidades: El actor que interpreta a Alí fue su amante en la vida real y Fassbinder tiene en la peli un pequeño papel encarnando al más intransigente y racista de todos los personajes.

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